CINE ITALIANO IMPERDIBLES

De la mano de maravillosos directores y una visión de Italia única, 5 peliculas italianas imperdibles para los amantes del séptimo arte

Nostalgia (Nostalghia, 1983)
de Andrei Tarkovsky

 

Otra apabullante obra del gran Tarkovsky. La delicadeza visual y la trascendencia sentimental vuelven a confluir de forma inigualable en esta sugerente y hermosa joya del maestro, no del todo reconocida. Como sucede con gran parte de la filmografía del ruso, puede que sea algo críptica, pero sin duda es parte de su encanto: sus imágenes envuelven tus sensaciones, y sus ideas te llevan a través de una extraña fascinación que lo mismo agita que acaricia tu mente.

 

Primera obra que realizó fuera de la Union Soviética, contemplar «Nostalghia» es una viaje único y embriagador que todo cinéfilo haría bien en regalarse. El crítico de ‘Financial Times’, la definió muy bien: «Nostalgia es espectacular, asombrosa; lo más cercano a la poesía que el cine puede aspirar».

Casanova (Il Casanova  1976)
de Federico Fellini

 

Giacomo Casanova es más viejo de lo que desearía, está más solo de lo que querría y los recuerdos de su juventud hieren más de lo que nunca imaginó. Este viejo bibliotecario ha vivido una vida intensa y ahora, en el castillo del Dux donde trabaja, rememora sus múltiples amores y aventuras del pasado. En un ambiente italiano dieciochesco, Casanova consigue abrir una ventana con los recuerdos y escapar de la frustración que siente. Antiguas amantes como fueron la costurera o Ana María, entre otras, vuelven por un momento a ser realidad en la mente del polifacético hombre.

 

Con este film, Federico Fellini nos aporta un billete de ida y regreso dudoso a su imaginería interna. Con un estilo muy personal, el director italiano consigue llenar de realismo una creación libre y ficticia, resultado de su enorme universo interno.

Luis II de Baviera, el rey loco (Ludwig, 1973)
 
de Luchino Visconti

 

Ludwig es uno de los proyectos más ambiciosos y personales del maestro italiano Luchino Visconti. Aquí, su concepción operística de la puesta en escena alcanza unas cotas de exquisitez, grandilocuencia y refinamiento raras veces vistas en la historia del cine. A partir de la figura histórica del príncipe alemán Luis de Wittelsbach, apodado “el rey loco”, el autor de Muerte en Venecia recrea de manera magistral y suntuosa un fresco de época con el que reflexiona acerca de temas puramente viscontianos como la soledad, la decadencia aristocrática o la insatisfacción vital.

 

El rey ha perdido la cordura, se dice en el reino de Baviera. ¡Se gasta los impuestos de sus súbditos en construir castillos y satisfacer a ese aprovechado de Richard Wagner! ¡Esto no se puede permitir! Claman encolerizados algunos miembros del gobierno, ansiosos por apartarle el poder. La gran belleza (La grande bellezza, 2013), de Paolo Sorrentino. 141 min.

El eclipse (L’eclisse, 1962)
de Michelangelo Antonioni

 

Las películas de Antonioni de lo sesenta, como las de Resnais del mismo período, dejan en el aire una serie de preguntas sin emitir una sola respuesta. Ambos directores abrieron con sus rompedoras propuestas las puertas de la cinematografía moderna: una cinematografía que plantea enigmas en lugar de certezas, con un claro predominio de la imagen sobre la palabra.

 

Con L´eclisse, el autor de Ferrara cierra su llamada trilogía de la incomunicación (tetralogía si incluimos en ella El desierto rojo, su siguiente filme) tras La aventura (L´avventura, 1960) y La noche (La notte, 1961). Las tres películas (o las cuatro si hablamos de tetralogía), además de compartir ciertos temas como la incomunicación, el hastío vital, la soledad o el desamor, comparten asimismo la presencia de la actriz Monica Vitti, una de las intérpretes femeninas con mayor magnetismo en pantalla de la historia del cine.

Francisco, juglar de Dios (Francesco, giullare di Dio, 1950)
de Roberto Rossellini

 

Siglo XIII. Después de ser recibido en audiencia por el Papa Inocencio III, Francisco de Asís (Nazario Gerardi) y sus discípulos se instalan en Santa María de los Ángeles, donde construyen una pequeña capilla y viven de acuerdo con su ideal de pobreza.

 

Francesco, giullare di Dio es el filme más sencillo y hermoso del director italiano Roberto Rossellini. Su mejor trabajo en opinión de quien suscribe estas líneas. Cada uno de sus fotogramas destila armonía y belleza, como un fresco de Giotto, en su primigenia concepción de la religiosidad cristiana. Es una de esas escasas películas capaces de apaciguar los sentidos y confortar el alma del mismo modo que lo hace una oración. Una verdadera obra de arte.

Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador.

-federico fellini

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